Existe una sola imagen conocida de un rey bíblico representado con relativa certeza. Está tallada en el Monolito Negro de Salmanasar III, rey asirio, fechado en el año 841 antes de Cristo.
El relieve muestra a un hombre postrado en el suelo, pagando tributo — plata, oro, vasijas — ante el rey de Asiria. La inscripción que lo acompaña lo identifica como “Jehú, hijo de Omri.”
Pero Jehú no era descendiente de Omri. Fue el rey que, por mandato divino a través del profeta Eliseo, exterminó la dinastía de Acab y Jezabel. Los asirios usaron el nombre de la dinastía que conocían, sin registrar la historia completa detrás de ese cambio de poder.
El enemigo, sin saberlo, dejó la única imagen conocida de un rey bíblico: real, presente, gobernando.
📖 2 Reyes 9:6-7
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