En 1925, un hombre vendió la Torre Eiffel en París, y el comprador tuvo tanta vergüenza que nunca lo denunció. Se hacía llamar el Conde, usaba decenas de nombres falsos y ni siquiera hay un papel que pruebe dónde nació. Cómo convenció a un empresario de comprar un monumento, qué pasó cuando volvió a intentarlo y cómo terminó su historia es la parte más irónica de todas.
¿Crees que Lustig de verdad vendió la Torre Eiffel, o es una leyenda que él mismo ayudó a inflar? Cuéntame en los comentarios.
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